martes, 6 de julio de 2010

Pequeñas gotas.

Las gotas resbalan por tu piel mientras la gente corre,
suelen apresurarse para llegar a su destino;
que alegría que mi destino seas tú bajo la lluvia.

Tú cabello se moja como la noche testigo,
corren por tus mejillas gotas de esperanza,
de cálida esperanza y mi mirada las sigue una a una.

Sonríes paciente, te divierte estar así,
me encanta ver tu cuerpo ceñido a tu alma
tu ropa tímida intentando cubrirte, es imposible ya.

Las farolas hacen su trabajo,
y bajo ese diluvio brillan tus ojos
como estrellas que representan bien
al firmamento apagado.

¡Sos la más bella flor cubierta de rocío celeste!

Se vaciaron las avenidas, el parque es solo nuestro
y de la noche testigo,
y de las bancas curiosas que jamás
habían visto a dos seres tan enamorados,
a dos almas entretejidas la una con la otra.

Sólo somos tu y yo,
y el silencio que no logró incomodarnos
o el furioso viento que intentó separar
nuestras manos aferradas como quillas

sólo estamos tu y yo
y esas pequeñas gotas que desnudan nuestros cuerpos
aclamados en un beso...







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